Uno de abogados
alvaro on Feb 17th 2009
Había escrito un microrelato de abogados, por desentumecer (el invierno me ha dejado los dedos helados) y con la excusa de presentarlo a un concurso para ver si sonaba la flauta. Cuando leí las bases, me quedé tan sólo con la idea de que debía tratar sobre abogados y tener menos de 150 palabras. Esto es lo que ha salido:
Cadenas
Por uno de los extremos de la fábrica —al final de la cadena de montaje— van saliendo los abogados listos para usar: los trajes impecables, zapatos bien pulidos, el pelo engominado y peinado hacia atrás. Los operarios los envuelven con cuidado en papel de celofán y los van introduciendo en las cajas correspondientes: “mercantil”, “procesal”, o “selección de jurados” si hay algún encargo importante. En el otro extremo de la fábrica, los operarios arrojan a un embudo enorme la materia prima: brazos, piernas, torsos sangrantes, algún bebé todavía tierno, y abogados viejos, ya estropeados, que van diciendo cosas como habeas corpus o ius naturalismo.
Releyendo las bases, me he dado cuenta de que el microrelato debía incluir algunas palabras que los organizadores proponen cada mes. Las palabras de febrero son “espía”, “sentencia”, “cohete”, “letrado” y “gominola”. Podría añadir una frase más para terminar el relato (me sobran un puñado de palabras). Algo como:
Mientras tanto, el espía —sentencia el director de la fábrica, mientras se mete unas gominolas en la boca— debería salir como un cohete a buscar un letrado.
No pega ni con cola; me temo que los organizadores se lo iban a oler y no creo que lo admitiesen, pero como probar es gratis igual me animo.
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