Archive for the 'Cursos' Category

Se terminó el curso

alvaro on Nov 12th 2008

Ya han pasado unos días desde que terminé el curso de escritores.org, “Con un cuento no basta”. Empecé aquí, terminé aquí, y me ha tenido entretenido una temporada.

El curso me ha dejado un sabor agridulce. Por un lado los comentarios del profesor me han parecido muy interesantes. Por otro lado, hay algunos detalles que han hecho que fuera difícil sacarle todo el partido posible.

Una de las principales pegas ha sido que el sistema de foros que se utiliza para los cursos no notifica de las nuevas entradas que hacen los compañeros. En los cursos que hice en la escuela de escritores funcionábamos mediante una lista de correo, con lo cual en cuanto uno de los alumnos, o el profesor, escribían algo, nos llegaba de forma inmediata a nuestro correo personal. Esto puede parecer una tontería pero dinamizaba mucho la conversación. En este curso me he forzado a pasar un par de veces al día por los foros para ver si había algo nuevo, pero resulta bastante pesado; además esa determinación se ha ido minando poco a poco hasta  acabar pasando una vez cada dos días, o incluso cada semana. El resultado final ha sido un foro que estaba medio muerto.

También me he sentido muy sólo mientras hacía el curso. Me refiero a dos cosas: el profesor, simplemente, no estaba. No envió ningún mensaje al principio del curso, no leía los foros (o si los leía no se notaba para nada) y sólo intervenía enviando las correcciones. Los compañeros tampoco se hacían notar demasiado: eran pocos (sólo han enviado trabajos tres personas, y sólo he terminado el curso yo) y las intervenciones en el foro han sido mínimas (hay una compañera que sólo envió un mensaje). La riqueza de estos cursos está en los compañeros, en el diálogo que se genera y en las cosas que compartes. Por ese lado, el curso ha sido muy flojo.

En cuanto al contenido del curso en sí. La principal dificultad es que hay que pensar un libro de relatos desde el principio. Aunque sólo debe abarcar tres relatos a mi me resultó bastante difícil tener una idea general de qué quieres escribir, así, en frío. Te vienen a decir: “piensa un tema sobre el que puedas escribir tres relatos”. Es tremendamente complicado: cuando te sientas a escribir a veces es muy difícil saber por dónde van a ir los tiros, de modo que pensar por dónde van a ir las balas perdidas de tres relatos es casi imposible. Lo que pasó en mi caso fue que erré el tiro. Una vez decidido el tema, una vez tienes un motivo central sobre el que quieres escribir, no hay escapatoria: entregas el primer relato y luego no hay forma de volver atrás y decidir que no, que no era eso, que vuelves a empezar el curso.

Creo que este curso podría tratarse mucho mejor integrándolo en un curso más largo. Por ejemplo, en los que hice en los años anteriores, pasábamos todo el año escribiendo relatos de forma independiente tratando diversos aspectos de la escritura (personajes, espacio, voz, etc.) Cuando terminábamos nos habíamos hecho con un puñado de relatos propios. Con ese material no costaría demasiado invertir algunas semanas en “integrarlos”, es decir: modificarlos y seleccionarlos usando algunas técnicas como las que hemos visto en este curso para darles coherencia. Obviamente no se conseguiría un resultado demasiado bueno ya que cada relato habría sido pensado de forma independiente, pero la idea de un curso es trabajar técnicas, no conseguir buenos resultados.

En resumen, y para finalizar este ladrillo de post: me ha servido, he aprendido, he descubierto fallos y cosas a mejorar. Para ser un curso de seis semanas lo doy por bien aprovechado, pero no sé si realmente me ayudará a escribir un libro de relatos que al fin y al cabo es lo que yo andaba buscando.

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Comentarios a la tercera entrega

alvaro on Nov 1st 2008

El profe ha sido muy rápido, los comentarios han llegado casi de un día para otro. Además creo que me van a ser de mucha utilidad, porque me ha dado una idea de por dónde están fallando los relatos. Creo que me hace falta aligerar un poco el lenguaje (últimamente me estaba quedando muy denso) y trabajar con él, familiarizarme, sentirme cómodo cuando escriba. Me parece que me hace falta mucho leer y mucho vocabulario, no por presumir con palabras raras sino para acertar con la que más encaja en un texto. Tendré que elaborar un plan; es algo que ya tenía en mente, y puede que esta sea la excusa para darle el empujón definitivo.

Lo de los tiempos verbales no me extraña que haya quedado raro: lo escribí en presente pero no me acababa de gustar el efecto, así que lo reescribí en pasado a última hora, de prisa y corriendo. Supongo que nada que no pueda arreglar un repaso adicional de las cosas antes de entregarlas…

Comentarios a la tercera entrega

ÁLVARO

Te felicito por la idea central de este cuento. La verdad es que me ha hecho mucha gracia, y al mismo tiempo me ha conmovido la motivación de la señora Engracia para dejar el edificio como los chorros del oro: el juicio de la posteridad. Muy bueno. Muy bueno también el “combate” entre las dos señoras. Pero algo falla. Le he dado vueltas un buen rato, tratando de identificar el palo en la rueda de este y tus otros cuentos, y creo haber dado con ello. Falla el lenguaje.

Me explico. Hay en tu lenguaje una búsqueda demasiado visible de la expresión llamativa, de llamar la atención por la forma en que dices las cosas, y esto, en bastantes ocasiones, te lleva a cometer errores, a complicar la narración, a usar giros que flotan precariamente en los bordes de la corrección y que, en definitiva, entorpecen tu obra. Ejemplos: Veo una gran confusión en el uso de los tiempos verbales, que está en todo el texto pero se podría sintetizar en esta frase: “Cuando la vieja termina de bajar el escalón y alzó la vista…”.  Fuerzas el lenguaje y usas expresiones un poco raras, que llenan el texto de pequeñas distorsiones que acaban formando un gran ruido: “ladrillos ajados” (desgastados), “finca” (en la mayoría de los sitios una finca es una hacienda o casa de campo), “pasar la última fregada” (¿las fregadas se pasan?), “buscar el autobús por las calles”, “mocho” (fregona), “compra de buena mañana” (hace la compra temprano), “las pinturas corridas” (el maquillaje corrido), “no hizo ademán de moverse” (no se movió). A Engracia empiezas llamándola señora y luego le quitas ese tratamiento. Ojo también con el lenguaje vulgar de las protagonistas, que no sé hasta que punto es necesario. A Abulia le puede llamar vieja otro personaje, pero quizás no el narrador (anciana). “Pasaron dos minutos, tres”; ¿te das cuenta de lo que duran tres minutos en silencio?.  En fin, lo que quiero decirte es que tu idea es, de verdad, muy buena. Es la idea de un gran escritor, alguien capaz de elevar lo ordinario a la categoría de símbolo. Y tienes que hacer todo lo posible para que el lenguaje esté a la altura.

Álvaro. Has creado un mundo propio (eso ya es un logro enorme), el de ese edificio en el que viven un detective, una prostituta, una señora de la limpieza a punto de retirarse preocupada por el juicio de la posteridad y por el trabajo bien hecho. Eso hay que aprovecharlo. No te desanimes. El trabajo del escritor nace de la incertidumbre y en buena parte de la ignorancia. Lo que no sabemos nos mueve a buscar, a indagar, a escribir. Pero escribir requiere también trabajo y aprendizaje. Trabaja el lenguaje (Nathaniel Hawthorne, el autor de La letra escarlata, paso ocho años encerrado en su casa de Nueva Inglaterra, practicando, aprendiendo a escribir). Sigue trabajando (no hace falta que hagas lo de Hawthorne, claro). Creo que en estos tres cuentos está el germen de un libro, un libro poliédrico, con historias protagonizadas por los distintos vecinos, cuyas vidas corren en paralelo y, a veces, se cruzan. En otras palabra. Tienes el edificio narrativo. Ahora hay que llenarlo.

Sigue escribiendo. Ánimo y enhorabuena.

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Tercera entrega del curso

alvaro on Oct 31st 2008

Bueno, aquí está la última entrega, y con ella finiquito el curso. No sé todavía si me ha servido de mucho, pero al menos me he dado cuenta de que, si quiero escribir un libro de relatos, tengo que tener claro el tono, el eje central, y a partir de ahí ir construyendo. También me he dado cuenta de que tendré que tirar más de un relato porque al terminarlo no encajará en el conjunto: gajes del oficio.

En fin, aquí lo tenéis; veremos que me cuenta el profe:

Cruzar el rellano

A la señora Engracia le gusta que la escalera quede limpia. Todo lo limpia que se pueda, desde luego, pues la finca es bien vieja: las paredes del patio están llenas de desconchones, los ladrillos del suelo ajados y faltos de color. Aun así, piensa que se la juzgará por lo limpio que quede el suelo cuando se vaya. Por eso, y por los años, tiene bien pensado el momento en el que pasará la última fregada, dejando el tiempo justo para rematar el portal, cambiarse en el cuarto de las escobas y salir a buscar el autobús por las callejuelas. La hora exacta es la una menos diez. Así que hoy, a la una menos diez, después de cerrar la puerta de la terraza de la finca, ha pasado el mocho por los cuatro escalones que llevan a ella y acaba de terminar el descansillo del tercer piso. Apenas había empezado con el escalón del siguiente tramo cuando oyó correr los cerrojos de la puerta del segundo, despacio, porque la señora Abulia es bien mayor y tiene las manos como garras por la artritis.

La vieja compra de buena mañana, antes de que ella llegue, por lo que se sorprendió de verla a esas horas. El rellano todavía estaba cubierto de charcos, y la vieja iba a salir de allí para cualquier cosa y pisarlo todo. Engracia, sin pensarlo, cruzó el mocho delante de la puerta antes de que la abriese del todo. La vieja asomó un poco la cabeza por la puerta entreabierta. Preguntó, sin atreverse a salir del todo:

—¿No se puede pasar?
—Que esta fregao, señá Abulia. Ande va a estas horas.
—Ay, Engracia. Tengo que bajar al ultramarinos a por unos huevos.

La vieja hizo un ademán de apartar el mocho y pisar el rellano. Lo malo no sería que lo pisase ahora —Engracia lo solucionaría con dos o tres pasadas del mocho—. Lo malo es que la vieja va bien lenta, y volvería del ultramarinos justo cuando la escalera estuviese terminada. Tendría que subir, los dos pisos, y dejar las huellas de sus zapatillas de andar por casa en cada uno de los escalones de la finca. Si llevara un poco de tierra, que llevará, porque tiene que cruzar la esquina de la obra, las huellas se quedarán marcadas, y permanecerán visibles cada uno los días de la semana próxima, dejando a Engracia en evidencia. Eso, no puede ser.

—Pa cuando lo quiere.
—Hoy quiero hacerme una tortilla para comer, con unos pimientos que me dio anoche al llegar la Vanesa.
—Pos yo se lo subo, que me voy a y media. Así no se tie que subir los dos pisos

La vieja se lo piensa un poco. Se sujeta del marco de la puerta, la entrecierra, pero no deja de mirar a Engracia.

—A y media los necesito, que no se te olvide bonica.
—Que sí, señá Abulia.

La vieja cerró la puerta; Engracia respiró aliviada. Mojó el mocho dos o tres veces en el cubo de fregar y siguió fregando la escalera, hasta el piso de abajo.

En el primero vive la Mariana. Es puta: se lo dijo una mañana de las pocas que se cruzaron. Volvía con las pinturas corridas y oliendo a cerveza: “—Usted debe ser la Mariana, que no nos vemos nunca. —Es lo que tiene, trabajo por la noche, bonita, en el Cottóns”. En el Cottóns trabajan las putas, así que Mariana pasa la mañana durmiendo y Engracia no tiene que preocuparse por si sale o no sale o pisa la escalera. Eso andaba pensando la señora Engracia cuando le pareció oír un sonido metálico en el silencio de la escalera. Dejó de fregar, levantó la cabeza y esperó. Volvió a oírse de nuevo. Al poco, sonó el chasquido metálico de un pestillo y el ruido sordo que hace la madera de una puerta al cerrarse despacio. Seguro que era la vieja. Engracia subió hasta el descansillo y vio como la vieja, agarrada con fuerza a la barandilla, va bajando despacio un escalón sin dejar de mirarse los pies.

Cuando la vieja termina de bajar el escalón y alzó la vista, se encontró a Engracia en el rellano de abajo.

—Señá Abulia.

La vieja se quedó quieta, como un animal asustado.

—Ande, que se lo subo a y media.

La vieja cambió la bolsa de mano. Se dio la vuelta en el escalón, despacio, agarró la barandilla y empezó a subir despacio los escalones. Los huesos de la columna se le marcaban en la parte de atrás del vestido. Cada par de escalones giraba la cabeza para mirar con recelo a Engracia, que la seguía un poco más abajo, borrando las huellas de ambas con el mocho. Llegaron al descansillo; la vieja rebuscó en la bolsa y sacó un manojo de llaves, que fue probando de una en una en la cerradura de la puerta hasta que una de ellas entró y logró girar. Antes de cerrar la puerta de nuevo, le recordó a Engracia:

—A y media, bonica
—Que sí, señá Abulia. A y media lo tiene.

Engracia dio un repaso rápido al tramo de escaleras ya fregado. Bajó a la calle, esparció el cubo en la acera, lo volvió a llenar en el cuarto de las escobas. Remató el tramo del primer piso hasta el entresuelo. Fregó los dos tramos que llevan hasta el patio, volvió a esparcir el cubo en la acera, y al fin se metió en el cuarto de las escobas a cambiarse. Pero apenas se ha quitado la bata cuando oyó el sonido de un escalón roto que hay en el último tramo.

Engracia cogió de nuevo el mocho y se asomó al patio. Unos cuantos escalones más arriba estaba la vieja, mirándola. Permaneció quieta. Tenía los dos pies juntos, la bolsa de la compra en la mano derecha; si hubiera tenido fuerzas, habría saltado a la calle para salir corriendo.

—Señá Abulia.

La vieja no hizo ademán de moverse.

—Señá Abulia, está fregao.

Engracia se plantó delante de la vieja, con el mocho en las manos. La vieja no se movió. Pasaron dos minutos, tres. Al fin, la vieja se dio la vuelta y empezó a subir los escalones.

El trayecto hasta el último piso fue lento. Les llevó más de diez minutos. Engracia seguía a la vieja a distancia, desde un rellano más abajo. Cuando veía que la vieja iba más despacio subía unos peldaños, se acercaba a ella y fregaba los escalones que las separaban. Poco a poco la vieja iba subiendo, llegó al segundo piso, buscó las llaves. Antes de cerrar la puerta la vieja, agotada, preguntó de nuevo.

—Bonica, —le temblaban las manos al hablar,— ¿me lo traes a y media?
—Señá Abulia. —Engracia subió los últimos escalones, cogió el mocho con las dos manos y se apoyó en él. Era mucho más alta y le hablaba a la vieja desde arriba:— Señá Abulia: ya no va a poder ser.

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Comentarios a la segunda entrega

alvaro on Oct 28th 2008

Desde hace unos días ya tengo los comentarios a la segunda entrega. Siguen siendo acertados, y sigo sin encontrarme cómodo con la historia; mucho menos con el conjunto de relatos. Esa incomodidad me está parando a la hora de escribir, no sólo en lo referente a los ejercicios del curso, sino que incluso hace que se me quiten las ganas de ponerme a escribir cualquier cosa. Pero bueno, acabaré como sea e intentaré aprovechar el curso todo lo posible.

Os dejo aquí un enlace a la segunda entrega. A continuación, los comentarios que le ha hecho Rubén:

Comentarios a la segunda entrega

Álvaro

Empezaré mi comentario sobre tu segunda entrega con una reflexión general, para pasar luego a los detalles concretos.

La sensación general que comunica el cuento, al menos al mí, es de confusión, de tanteo, de búsqueda de una veta que te lleve a ese mineral precioso, esa historia brillante que está ahí, pero se te resiste. Con la entrega anterior comparte, al parecer, el personaje del detective y algunos detalles del entorno en que vive (el escalón suelto, la oficina mugrienta…), pero ahí se detienen los puntos en común. Cambia totalmente el estilo, la forma de ver el mundo. Esto no sería un problema si se tratara de cuentos independientes. Pero recuerda que lo que tratamos de conseguir aquí es el germen de un libro, la chispa inicial que os conduzca a una serie de relatos relacionados.

Repito que escribes muy bien, con mucha soltura, pero creo que te pones a ti mismo obstáculos innecesarios. Por ejemplo, ese punto de vista con el que arranca la historia, con ese “nosotros” y esa observación de los pies que, a la larga, es una traba más que una ayuda, puesto que no se puede mantener hasta el final. Quizás (insisto, tú eres el escritor, es tu cuento) sería mejor elegir un punto de vista más claro, más sólido. Lo mismo ocurre con los detalles. En mi anterior comentario alabé tu capacidad de observación y descripción, pero en esta ocasión creo que los detalles resultan un poco exagerados, hasta el punto de que parecen ser el tema central del cuento. Y cuidado con ellos, los detalles pueden ser buenos aliados para una buena historia, pero pueden ser también traicioneros, porque, como la mancha de la que hablas en tu cuento, si no son perfectos se nota enseguida. Ejemplos: “una mancha clara que sólo se distingue bien si la miras un poco de lado” (el adjetivo “clara” confunde, pues además de “desleída” significa también “fácil de percibir”, lo que contrasta con la explicación que das); al principio describes los pantalones de pana del detective como “mugrientos” y poco después calificas sus rayas como “elegantes”; la camisa humedecida sigue húmeda al día siguiente, lo cual llama un poco la atención; conduces al lector a un despacho, nos dices que el detective arroja la camisa sobre una silla del “salón”, y también que duerme en el “sofá”, todo lo cual crea un poco de confusión: ¿es un despacho con salón? ¿Una casa-despacho sin dormitorio?; después de una descripción milimétrica como esta: “(la alfombra) está cubierta por un patrón orgánico de manchas circulares que se superponen y cuyos bordes diluidos, al cruzarse unos con otros, hacen indistinguible su origen. Bajo el peso de los zapatos, las manchas palidecen un momento y luego se alimentan de la sombra húmeda de las huellas”, nos dices que el detective “extiende un hilo entre dos paredes de la habitación para colgarla con una pinza de cada hombro”: ¿Cómo sujeta el hilo a las paredes? En fin, le estoy buscando tres pies al gato, pero a lo que voy es que los detalles deben tener un sentido y deben ser coherentes, nunca gratuitos, si no queremos hacer peligrar la verosimilitud del cuento.

En cuanto al vocabulario. Vuelves a usar el verbo “deber” de forma inadecuada (debemos DE cruzar la alfombra); repites “mugriento” dos veces, así como “vainilla”; las camisas no tienen “aleros”; y en la combinación “parece una persona abatida arrodillada”, en mi opinión sobra un adjetivo. Ojo también con las pasivas, que no suelen sonar muy bien en los textos literarios. En vez de “un cubo de fregar que ha sido esparcido sobre la acera”, yo diría algo así como “un cubo de fregar que alguien ha vaciado en la acera”. Y trata de evitar las palabras innecesarias y artificiosas: “Si siguiésemos su rastro —cosa que haremos—” (seguimos su rastro…).

Otra cosa que, quizás, habría que revisar, es el título. Confieso que soy un obseso de los títulos. De hecho, tengo un libro de cuentos terminado desde hace meses, y todavía no he dado con el título, con esa combinación casi mágica de palabras que lo denomine y lo contenga. Y me da la sensación de que el título de tu cuento (Camisa) se te ha ocurrido un poco a la carrera.

Y concluyo. Es un placer leer tus cuentos, y por eso insisto en que debes trabajar más en los temas sobre los que escribes que, en este caso, tampoco queda muy claro (la mancha como metáfora del alma-corazón sucio del detective, intuyo). Mi consejo es que antes de mandar un escrito a una editorial o revista, te detengas a pensar: ¿de qué trata este cuento?. Si no eres capaz de dar una respuesta rápida y concisa, puede que el cuento no esté listo del todo.

Un saludo, mucho ánimo y hasta la próxima entrega.

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El profesor

alvaro on Oct 17th 2008

No lo he comentado hasta ahora, pero mi profesor en el curso es Ruben Abella. No sé mucho de él, tan sólo lo que cuenta en la página de profesores y que reproduzco aquí:

Me llamo Rubén Abella, y estoy aquí para apoyaros y acompañaros en el aprendizaje de la práctica de ese arte fascinante.

Mi currículo:
Master of Arts en Literatura Norteamericana por La Universidad de Adelaida, Australia; Cursos de postgrado (Literatura Norteamericana, Escritura Creativa, Literatura Hispanoamericana); Tulane University Nueva Orleans, Estados Unidos; Licenciado en Filología Inglesa Universidad de Valladolid. Ha impartido clases en la  Université Cheikh Anta Diop,  Taller de Escritura Creativa Dakar, Senegal y en la Universidad de Valladolid (clases de Crítica Literaria, Inglés, Traducción y Escritura Creativa). He publicado los siguientes títulos: El libro del amor esquivo (Novela)
Próxima aparición en Ediciones Destino; No habría sido igual sin la lluvia (Relatos)
XI Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos, 2007;  La sombra del escapista (Novela) XIV Premio de Narrativa “Torrente Ballester”, 2003; Fábulas del lagarto verde (Relatos y fotografías) Maqueta.

También he encontrado, rebuscando por internet, algún que otro enlace en la wikipedia y en la página de algún periódico. Con tan poca información no me puedo hacer una idea de cómo es ni de su estilo. Pero vamos, a mi lo que me interesa es que me haga buenos comentarios.

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