Desde hace unos días ya tengo los comentarios a la segunda entrega. Siguen siendo acertados, y sigo sin encontrarme cómodo con la historia; mucho menos con el conjunto de relatos. Esa incomodidad me está parando a la hora de escribir, no sólo en lo referente a los ejercicios del curso, sino que incluso hace que se me quiten las ganas de ponerme a escribir cualquier cosa. Pero bueno, acabaré como sea e intentaré aprovechar el curso todo lo posible.
Comentarios a la segunda entrega
Álvaro
Empezaré mi comentario sobre tu segunda entrega con una reflexión general, para pasar luego a los detalles concretos.
La sensación general que comunica el cuento, al menos al mí, es de confusión, de tanteo, de búsqueda de una veta que te lleve a ese mineral precioso, esa historia brillante que está ahí, pero se te resiste. Con la entrega anterior comparte, al parecer, el personaje del detective y algunos detalles del entorno en que vive (el escalón suelto, la oficina mugrienta…), pero ahí se detienen los puntos en común. Cambia totalmente el estilo, la forma de ver el mundo. Esto no sería un problema si se tratara de cuentos independientes. Pero recuerda que lo que tratamos de conseguir aquí es el germen de un libro, la chispa inicial que os conduzca a una serie de relatos relacionados.
Repito que escribes muy bien, con mucha soltura, pero creo que te pones a ti mismo obstáculos innecesarios. Por ejemplo, ese punto de vista con el que arranca la historia, con ese “nosotros” y esa observación de los pies que, a la larga, es una traba más que una ayuda, puesto que no se puede mantener hasta el final. Quizás (insisto, tú eres el escritor, es tu cuento) sería mejor elegir un punto de vista más claro, más sólido. Lo mismo ocurre con los detalles. En mi anterior comentario alabé tu capacidad de observación y descripción, pero en esta ocasión creo que los detalles resultan un poco exagerados, hasta el punto de que parecen ser el tema central del cuento. Y cuidado con ellos, los detalles pueden ser buenos aliados para una buena historia, pero pueden ser también traicioneros, porque, como la mancha de la que hablas en tu cuento, si no son perfectos se nota enseguida. Ejemplos: “una mancha clara que sólo se distingue bien si la miras un poco de lado” (el adjetivo “clara” confunde, pues además de “desleída” significa también “fácil de percibir”, lo que contrasta con la explicación que das); al principio describes los pantalones de pana del detective como “mugrientos” y poco después calificas sus rayas como “elegantes”; la camisa humedecida sigue húmeda al día siguiente, lo cual llama un poco la atención; conduces al lector a un despacho, nos dices que el detective arroja la camisa sobre una silla del “salón”, y también que duerme en el “sofá”, todo lo cual crea un poco de confusión: ¿es un despacho con salón? ¿Una casa-despacho sin dormitorio?; después de una descripción milimétrica como esta: “(la alfombra) está cubierta por un patrón orgánico de manchas circulares que se superponen y cuyos bordes diluidos, al cruzarse unos con otros, hacen indistinguible su origen. Bajo el peso de los zapatos, las manchas palidecen un momento y luego se alimentan de la sombra húmeda de las huellas”, nos dices que el detective “extiende un hilo entre dos paredes de la habitación para colgarla con una pinza de cada hombro”: ¿Cómo sujeta el hilo a las paredes? En fin, le estoy buscando tres pies al gato, pero a lo que voy es que los detalles deben tener un sentido y deben ser coherentes, nunca gratuitos, si no queremos hacer peligrar la verosimilitud del cuento.
En cuanto al vocabulario. Vuelves a usar el verbo “deber” de forma inadecuada (debemos DE cruzar la alfombra); repites “mugriento” dos veces, así como “vainilla”; las camisas no tienen “aleros”; y en la combinación “parece una persona abatida arrodillada”, en mi opinión sobra un adjetivo. Ojo también con las pasivas, que no suelen sonar muy bien en los textos literarios. En vez de “un cubo de fregar que ha sido esparcido sobre la acera”, yo diría algo así como “un cubo de fregar que alguien ha vaciado en la acera”. Y trata de evitar las palabras innecesarias y artificiosas: “Si siguiésemos su rastro —cosa que haremos—” (seguimos su rastro…).
Otra cosa que, quizás, habría que revisar, es el título. Confieso que soy un obseso de los títulos. De hecho, tengo un libro de cuentos terminado desde hace meses, y todavía no he dado con el título, con esa combinación casi mágica de palabras que lo denomine y lo contenga. Y me da la sensación de que el título de tu cuento (Camisa) se te ha ocurrido un poco a la carrera.
Y concluyo. Es un placer leer tus cuentos, y por eso insisto en que debes trabajar más en los temas sobre los que escribes que, en este caso, tampoco queda muy claro (la mancha como metáfora del alma-corazón sucio del detective, intuyo). Mi consejo es que antes de mandar un escrito a una editorial o revista, te detengas a pensar: ¿de qué trata este cuento?. Si no eres capaz de dar una respuesta rápida y concisa, puede que el cuento no esté listo del todo.
Un saludo, mucho ánimo y hasta la próxima entrega.