Archive for the 'Historias' Category

Cómo lograr el éxito

alvaro on Nov 26th 2008

Hace unos días vi esta viñeta en The Scientific Cartoonist. A pesar de que se refiere a la investigación científica, creo que es más que aplicable a la producción literaria:

Cómo conseguir el

Habría que añadir una tercera coordenada, “Luck”, y dibujar un gráfico tridimensional. El resultado sería como una pelota, o como un huevo: el huevo del fracaso. Estamos todos atrapados en el huevo del fracaso.

(Para los que no entiendan las leyendas del gráfico, un consejo: os irá bien estudiar un poco de inglés)

Actualización: He visto otra viñeta, esta vez en Savage Chickens, en la que habla de la confianza que tenemos de lograr el éxito.

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Palabras nuevas

alvaro on Nov 20th 2008

Una de las cosas que me quedaron claras del curso de relato fue que tengo que mejorar mi expresión escrita. Es algo que ya me rondaba por la cabeza desde hace un tiempo: este verano, cuando leía “La saga/fuga de J.B.” me maravillaba la riqueza de vocabulario de Gonzalo Torrente Ballester. A ojo de buen cubero, debe manejar en cada libro cuatro o cinco veces más palabras distintas de las que habré usado yo en toda la vida. Me hacía gritar de la envidia, eso sí, solo cuando estaba sólo en casa y no se oían los pasos del vecino de arriba.

La cuestión es: ¿cómo mejorar mi vocabulario? ¿Cómo mejorar mi expresión? ¿Cómo encontrar palabras nuevas y aprender a manejarlas? La verdad, ando un poco perdido con el asunto.

Hasta ahora usaba diccionarios de sinónimos (el de sinonimos.org, por ejemplo) pero preguntando por aquí, rascando por allá, he descubierto la existencia de diccionarios ideológicos y de catálogos de palabras afines. En concreto me han recomendado el “Diccionario ideológico de la lengua española” de Julio Casares (en la wikipedia se puede encontrar más información). No sé muy bien cómo funciona porque todavía no lo he tenido en mis manos, pero creo que el truco se basa en agrupar los términos por las ideas principales que transmiten, para que a partir de una palabra que tenga relación con la que buscas puedas ir navegando el diccionario hasta encontrarla. No sé si esto será sencillo o complicado; tengo intención de acercarme a alguna librería para ver si me dejan manosearlo un rato, si lo consigo ya contaré algo de la experiencia

Por otro lado, como el diccionario ideológico es caro y debe ser un tocho inmanejable de mil y pico páginas, he dedicado algo de tiempo a investigar si había alguna herramienta informática que hiciese lo mismo. He “encontrado” una versión para windows del diccionario María Moliner que tiene una opción interesante: buscar en las definiciones de palabras (por ejemplo, si buscas “silla baja” encuentras taburete). También he encontrado un par de webs, un buscador de ideas relacionadas (ideasafines.com.ar) que creo que funciona como el Diccionario ideológico, y el Tesoro español de ideas afines. Parecen dos webs bastante útiles.

Por ahora no se me ocurre nada más. Creo que voy a intentar hacer uso de estos diccionarios: buscaré en cada relato las dos o tres palabras que nunca acaban de encajar, y veré si puedo encontrar otra más adecuada con su ayuda.

Se agradecerían ideas, desde luego.

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Comentarios a la tercera entrega

alvaro on Nov 1st 2008

El profe ha sido muy rápido, los comentarios han llegado casi de un día para otro. Además creo que me van a ser de mucha utilidad, porque me ha dado una idea de por dónde están fallando los relatos. Creo que me hace falta aligerar un poco el lenguaje (últimamente me estaba quedando muy denso) y trabajar con él, familiarizarme, sentirme cómodo cuando escriba. Me parece que me hace falta mucho leer y mucho vocabulario, no por presumir con palabras raras sino para acertar con la que más encaja en un texto. Tendré que elaborar un plan; es algo que ya tenía en mente, y puede que esta sea la excusa para darle el empujón definitivo.

Lo de los tiempos verbales no me extraña que haya quedado raro: lo escribí en presente pero no me acababa de gustar el efecto, así que lo reescribí en pasado a última hora, de prisa y corriendo. Supongo que nada que no pueda arreglar un repaso adicional de las cosas antes de entregarlas…

Comentarios a la tercera entrega

ÁLVARO

Te felicito por la idea central de este cuento. La verdad es que me ha hecho mucha gracia, y al mismo tiempo me ha conmovido la motivación de la señora Engracia para dejar el edificio como los chorros del oro: el juicio de la posteridad. Muy bueno. Muy bueno también el “combate” entre las dos señoras. Pero algo falla. Le he dado vueltas un buen rato, tratando de identificar el palo en la rueda de este y tus otros cuentos, y creo haber dado con ello. Falla el lenguaje.

Me explico. Hay en tu lenguaje una búsqueda demasiado visible de la expresión llamativa, de llamar la atención por la forma en que dices las cosas, y esto, en bastantes ocasiones, te lleva a cometer errores, a complicar la narración, a usar giros que flotan precariamente en los bordes de la corrección y que, en definitiva, entorpecen tu obra. Ejemplos: Veo una gran confusión en el uso de los tiempos verbales, que está en todo el texto pero se podría sintetizar en esta frase: “Cuando la vieja termina de bajar el escalón y alzó la vista…”.  Fuerzas el lenguaje y usas expresiones un poco raras, que llenan el texto de pequeñas distorsiones que acaban formando un gran ruido: “ladrillos ajados” (desgastados), “finca” (en la mayoría de los sitios una finca es una hacienda o casa de campo), “pasar la última fregada” (¿las fregadas se pasan?), “buscar el autobús por las calles”, “mocho” (fregona), “compra de buena mañana” (hace la compra temprano), “las pinturas corridas” (el maquillaje corrido), “no hizo ademán de moverse” (no se movió). A Engracia empiezas llamándola señora y luego le quitas ese tratamiento. Ojo también con el lenguaje vulgar de las protagonistas, que no sé hasta que punto es necesario. A Abulia le puede llamar vieja otro personaje, pero quizás no el narrador (anciana). “Pasaron dos minutos, tres”; ¿te das cuenta de lo que duran tres minutos en silencio?.  En fin, lo que quiero decirte es que tu idea es, de verdad, muy buena. Es la idea de un gran escritor, alguien capaz de elevar lo ordinario a la categoría de símbolo. Y tienes que hacer todo lo posible para que el lenguaje esté a la altura.

Álvaro. Has creado un mundo propio (eso ya es un logro enorme), el de ese edificio en el que viven un detective, una prostituta, una señora de la limpieza a punto de retirarse preocupada por el juicio de la posteridad y por el trabajo bien hecho. Eso hay que aprovecharlo. No te desanimes. El trabajo del escritor nace de la incertidumbre y en buena parte de la ignorancia. Lo que no sabemos nos mueve a buscar, a indagar, a escribir. Pero escribir requiere también trabajo y aprendizaje. Trabaja el lenguaje (Nathaniel Hawthorne, el autor de La letra escarlata, paso ocho años encerrado en su casa de Nueva Inglaterra, practicando, aprendiendo a escribir). Sigue trabajando (no hace falta que hagas lo de Hawthorne, claro). Creo que en estos tres cuentos está el germen de un libro, un libro poliédrico, con historias protagonizadas por los distintos vecinos, cuyas vidas corren en paralelo y, a veces, se cruzan. En otras palabra. Tienes el edificio narrativo. Ahora hay que llenarlo.

Sigue escribiendo. Ánimo y enhorabuena.

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Comentarios a la segunda entrega

alvaro on Oct 28th 2008

Desde hace unos días ya tengo los comentarios a la segunda entrega. Siguen siendo acertados, y sigo sin encontrarme cómodo con la historia; mucho menos con el conjunto de relatos. Esa incomodidad me está parando a la hora de escribir, no sólo en lo referente a los ejercicios del curso, sino que incluso hace que se me quiten las ganas de ponerme a escribir cualquier cosa. Pero bueno, acabaré como sea e intentaré aprovechar el curso todo lo posible.

Os dejo aquí un enlace a la segunda entrega. A continuación, los comentarios que le ha hecho Rubén:

Comentarios a la segunda entrega

Álvaro

Empezaré mi comentario sobre tu segunda entrega con una reflexión general, para pasar luego a los detalles concretos.

La sensación general que comunica el cuento, al menos al mí, es de confusión, de tanteo, de búsqueda de una veta que te lleve a ese mineral precioso, esa historia brillante que está ahí, pero se te resiste. Con la entrega anterior comparte, al parecer, el personaje del detective y algunos detalles del entorno en que vive (el escalón suelto, la oficina mugrienta…), pero ahí se detienen los puntos en común. Cambia totalmente el estilo, la forma de ver el mundo. Esto no sería un problema si se tratara de cuentos independientes. Pero recuerda que lo que tratamos de conseguir aquí es el germen de un libro, la chispa inicial que os conduzca a una serie de relatos relacionados.

Repito que escribes muy bien, con mucha soltura, pero creo que te pones a ti mismo obstáculos innecesarios. Por ejemplo, ese punto de vista con el que arranca la historia, con ese “nosotros” y esa observación de los pies que, a la larga, es una traba más que una ayuda, puesto que no se puede mantener hasta el final. Quizás (insisto, tú eres el escritor, es tu cuento) sería mejor elegir un punto de vista más claro, más sólido. Lo mismo ocurre con los detalles. En mi anterior comentario alabé tu capacidad de observación y descripción, pero en esta ocasión creo que los detalles resultan un poco exagerados, hasta el punto de que parecen ser el tema central del cuento. Y cuidado con ellos, los detalles pueden ser buenos aliados para una buena historia, pero pueden ser también traicioneros, porque, como la mancha de la que hablas en tu cuento, si no son perfectos se nota enseguida. Ejemplos: “una mancha clara que sólo se distingue bien si la miras un poco de lado” (el adjetivo “clara” confunde, pues además de “desleída” significa también “fácil de percibir”, lo que contrasta con la explicación que das); al principio describes los pantalones de pana del detective como “mugrientos” y poco después calificas sus rayas como “elegantes”; la camisa humedecida sigue húmeda al día siguiente, lo cual llama un poco la atención; conduces al lector a un despacho, nos dices que el detective arroja la camisa sobre una silla del “salón”, y también que duerme en el “sofá”, todo lo cual crea un poco de confusión: ¿es un despacho con salón? ¿Una casa-despacho sin dormitorio?; después de una descripción milimétrica como esta: “(la alfombra) está cubierta por un patrón orgánico de manchas circulares que se superponen y cuyos bordes diluidos, al cruzarse unos con otros, hacen indistinguible su origen. Bajo el peso de los zapatos, las manchas palidecen un momento y luego se alimentan de la sombra húmeda de las huellas”, nos dices que el detective “extiende un hilo entre dos paredes de la habitación para colgarla con una pinza de cada hombro”: ¿Cómo sujeta el hilo a las paredes? En fin, le estoy buscando tres pies al gato, pero a lo que voy es que los detalles deben tener un sentido y deben ser coherentes, nunca gratuitos, si no queremos hacer peligrar la verosimilitud del cuento.

En cuanto al vocabulario. Vuelves a usar el verbo “deber” de forma inadecuada (debemos DE cruzar la alfombra); repites “mugriento” dos veces, así como “vainilla”; las camisas no tienen “aleros”; y en la combinación “parece una persona abatida arrodillada”, en mi opinión sobra un adjetivo. Ojo también con las pasivas, que no suelen sonar muy bien en los textos literarios. En vez de “un cubo de fregar que ha sido esparcido sobre la acera”, yo diría algo así como “un cubo de fregar que alguien ha vaciado en la acera”. Y trata de evitar las palabras innecesarias y artificiosas: “Si siguiésemos su rastro —cosa que haremos—” (seguimos su rastro…).

Otra cosa que, quizás, habría que revisar, es el título. Confieso que soy un obseso de los títulos. De hecho, tengo un libro de cuentos terminado desde hace meses, y todavía no he dado con el título, con esa combinación casi mágica de palabras que lo denomine y lo contenga. Y me da la sensación de que el título de tu cuento (Camisa) se te ha ocurrido un poco a la carrera.

Y concluyo. Es un placer leer tus cuentos, y por eso insisto en que debes trabajar más en los temas sobre los que escribes que, en este caso, tampoco queda muy claro (la mancha como metáfora del alma-corazón sucio del detective, intuyo). Mi consejo es que antes de mandar un escrito a una editorial o revista, te detengas a pensar: ¿de qué trata este cuento?. Si no eres capaz de dar una respuesta rápida y concisa, puede que el cuento no esté listo del todo.

Un saludo, mucho ánimo y hasta la próxima entrega.

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El profesor

alvaro on Oct 17th 2008

No lo he comentado hasta ahora, pero mi profesor en el curso es Ruben Abella. No sé mucho de él, tan sólo lo que cuenta en la página de profesores y que reproduzco aquí:

Me llamo Rubén Abella, y estoy aquí para apoyaros y acompañaros en el aprendizaje de la práctica de ese arte fascinante.

Mi currículo:
Master of Arts en Literatura Norteamericana por La Universidad de Adelaida, Australia; Cursos de postgrado (Literatura Norteamericana, Escritura Creativa, Literatura Hispanoamericana); Tulane University Nueva Orleans, Estados Unidos; Licenciado en Filología Inglesa Universidad de Valladolid. Ha impartido clases en la  Université Cheikh Anta Diop,  Taller de Escritura Creativa Dakar, Senegal y en la Universidad de Valladolid (clases de Crítica Literaria, Inglés, Traducción y Escritura Creativa). He publicado los siguientes títulos: El libro del amor esquivo (Novela)
Próxima aparición en Ediciones Destino; No habría sido igual sin la lluvia (Relatos)
XI Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos, 2007;  La sombra del escapista (Novela) XIV Premio de Narrativa “Torrente Ballester”, 2003; Fábulas del lagarto verde (Relatos y fotografías) Maqueta.

También he encontrado, rebuscando por internet, algún que otro enlace en la wikipedia y en la página de algún periódico. Con tan poca información no me puedo hacer una idea de cómo es ni de su estilo. Pero vamos, a mi lo que me interesa es que me haga buenos comentarios.

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